Flee

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Sinopsis:

Amín Nawabi (seudónimo), un investigador universitario de éxito de treinta y seis años, lucha contra un doloroso secreto que oculta desde hace veinte años y que podría poner en jaque la vida que ha construido para él y para su futuro marido. El director Jonas Poher Rasmussen recurre principalmente a la animación para proteger la identidad de Amín y al mismo tiempo dar voz a su amigo y ex compañero de clase, que relata por primera vez la historia del viaje extraordinario que emprendió siendo un niño para escapar de Afganistán como refugiado. A través de una serie de conmovedoras entrevistas entre Jonas y Amín, Flee nos cuenta una historia inolvidable de autodescubrimiento. La película nos enseña que, para labrarse un futuro, es necesario enfrentarse al pasado y que, para entender el auténtico significado de la palabra «hogar», hay que dejar de huir de uno mismo.

Reseña de la película:

Flee es uno de los documentales animados más fascinantes de los últimos tiempos. Muestra con un estilo único los angustiosos esfuerzos de un refugiado afgano para lograr asilo en otro país. Su viaje es de todo menos un paseo. El director danés Jonas Poher Rasmussen utiliza técnicas admirables para ayudar a su protagonista, Amín, a desempolvar sus recuerdos, que a continuación nos presenta en una especie de relato clásico de suspense sazonado con la credibilidad de un documental.

Flee recibió el sello de Cannes 2020, pero tuvo que esperar seis meses para estrenarse en la competición internacional de documentales del Festival de Cine de Sundance de este año, donde ganó el Gran Premio del Jurado y se convirtió en una de las películas más aclamadas del certamen.

Uno de los muchos momentos grandiosos de la película transcurre en los primeros minutos: Amín (se han cambiado los nombres de todos los personajes principales para proteger su anonimato) se tumba cómodamente antes de comenzar a contarle su particular odisea a Rasmussen. Instantes después, mientras los espectadores también nos estamos acomodando para ver la película, una claqueta surge por una esquina de la pantalla y los dos personajes bromean antes de dar paso a la escena. Todo esto en clave de animación, con dibujos realizados a mano en el trazo fluido e imperfecto de un bosquejo. ¿En qué realidad nos encontramos? La realidad subjetiva y la naturaleza de nuestras percepciones son, de hecho, uno de los elementos principales de esta película.

La genialidad de recurrir a la animación para ilustrar literalmente la historia de Amín consiste en el uso de colores vibrantes y de exageraciones espaciales para acercarnos a esa sensación de «penetrar» en la memoria, un poco en la misma línea que el código de colores que utiliza Christoper Nolan en su obra para representar distintos niveles de realidad.

A diferencia de otros muchos relatos de migrantes en el cine contemporáneo, Flee se desarrolla en un momento anterior —durante los últimos coletazos de la guerra entre la Unión Soviética y Afganistán—, cuando la población civil no tenía más opción que la huida. No obstante, las similitudes con la crisis de refugiados actual saltan a la vista. Apenas un adolescente, Amín emprende la primera etapa de su viaje, que le lleva, junto con su madre —delicada de salud— y sus hermanos mayores, a Rusia, el único país dispuesto a acogerlos. Sin embargo, esta es una solución meramente provisional: al poco sus visados expiran y el país se sume en la inestabilidad tras el colapso del comunismo. La mayor parte de la película documenta los intentos de Amín, cada vez más desesperados y kafkianos, por encontrar refugio en un país más seguro de Europa occidental. Pero la identidad de las personas no se limita a su situación administrativa; por eso otro hilo argumental clave de esta historia es la incipiente sexualidad queer de Amín. Asistimos a su pugna por ocultársela a su familia y presenciamos sus fantasías, que explora en solitario o con gente de su edad.

La animación —realizada por Sun Creature Studio, con sede en Copenhague— no rebaja la intensidad de los acontecimientos que se muestran. Las escenas iniciales de Kabul a principios de los años ochenta son una fiesta de color y profusión de detalles que encajan perfectamente con el tema Take On Me de a-ha, cuyo famoso videoclip también recurría a la animación, como muchos recordamos. Más adelante, las calles laberínticas de San Petersburgo aparecen en un estado lamentable, como si una turba las arrasara a diario, y la escena con un ferry de enormes dimensiones es asombrosamente evocadora.

La semilla de este largometraje es la amistad que une al director y al protagonista en la vida real desde el instituto, donde se conocieron. Rasmussen siempre ha sentido curiosidad por la historia de Amín y por cómo llegó exactamente a Dinamarca. Casi todos tenemos un amigo cuya vida bien podría llevarse al cine. Rasmussen ha hecho precisamente eso y el resultado es este largometraje, todo un regalo.

Flee es una coproducción entre Dinamarca, Francia, Suecia y Noruega. Ha sido producida por Final Cut For Real y Sun Creature en Dinamarca en coproducción con Vivement Lundi, Most Film y Mer Film y con la participación de Left Handed Films y Vice Studios. Cinephil gestiona las ventas internacionales.

David Katz, Cineuropa